Archivo de la etiqueta: Criminalización de la Pobreza

Primer Acceso. Plataforma para la reflexión, la crítica y la resistencia.

Primer Acceso es un espacio colectivo de reflexión, crítica y acción creativa entorno al hecho carcelario.  Nace de la idea de que ni la existencia de las fuerzas del orden ni de sus aparatos represivos y disciplinarios elimina las injusticias sociales  y  por ello nos preguntamos cuál es su papel en la producción y reproducción de éstas.

España se sitúa tras USA y UK en proporción de presos por nº de habitantes (159 por cada 100.000 habitantes en 2012), países aquellos a los que han llegado a definir cómo “Estado Penitenciario”. Esto no es fruto de una alta tasa de delincuencia en el Estado Español, sino de políticas de control social que criminalizan ciertas prácticas y ciertas poblaciones enmarcadas sobre todo por la pobreza o la disidencia. Este uso monopolizado de la fuerza para el mantenimiento de un orden socioeconómico determinado tiene unos impactos sobre los sujetos, los grupos y la sociedad.

Las cárceles, además, parecen haber caído en una crisis ideológica al convertirse más en aparatos incapacitadores antes que en medios para la reinserción. Sus formas de disciplinamiento son obsoletas para un mundo en el que la fábrica ha dejado de ser central y la reincorporación a la vida social no puede estar basada en la capacitación laboral.

La prisión, asimismo, como institución total tiene unos efectos sobre el cuerpo y la psique de quienes la habitan. La privación de libertad, de control sobre tiempo y espacio, la imposibilidad de relaciones afectivas, la restricción sensorial, la sobremedicación…  y otras prácticas carcelarias llevan a algunos teóricos a hablar de Tortura Blanca en algunos casos. Este poder disciplinario impacta distinto sobre los sujetos y se muestra de forma diversa según construcciones de género, etnicidad, edad, estatus laboral y otras.

Al tratarse de una relación de fuerzas desigual, se convierte en violenta. Lo es en tres aspectos: a nivel institucional, a nivel de los sujetos y a nivel simbólico. Dentro de estos niveles podemos encontrar también resistencias de los sujetos, de los grupos y de la sociedad. Algunas se  articulan desde las artes ya que éstas ofrecen la posibilidad de crear espacios de libertad y de reflexión en que se abren brechas al sistema penitenciario y sus métodos de represión y disciplinamiento.  A través de un arte crítico, que interrumpe el discurso hegemónico y que elude su instrumentalización, nos acercamos a las narrativas de quienes viven en propia piel el encarcelamiento resistiendo a las imágenes estereotipadas y reificadas de la persona presa.

Primer Acceso es una plataforma para compartir y difundir los conocimientos sobre las temáticas esbozadas. La  programación de una serie de jornadas corre paralela a la  coordinación de un libro y a la producción del blog. Al tratarse de un espacio transdisciplinar, cuenta con la colaboración de profesionales y académicos de las ciencias sociales y las artes, entidades  y personas en situación de privación de libertad.

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Nuevos Pobres

En el libro “Trabajo, consumismo y nuevos pobres”, Zygmun Bauman analiza los cambios ideológicos que se dan de la época fordista a la postfordista argumentando un vuelco desde la “ética del trabajo” a la “estética del consumo”. Sitúa asimismo el papel que los pobres cumplen en cada  uno de los dos momentos sociohistóricos aproximándonos al concepto de “criminalización de la pobreza” apuntado posteriormente por Loïc Wacquant.

Algunas de las ideas que se desprenden de la obra son las siguientes:

Desde los comienzos de la Edad Moderna, se esperaba que  la ética del trabajo atrajera a los pobres hacia las fábricas, erradicara la pobreza y garantizara la paz social. En la práctica sirvió para entrenar y disciplinar a la gente, inculcándole la obediencia necesaria para que el nuevo régimen fabril funcionara correctamente. Pero al pasar de una “sociedad de productores” a otra de “consumidores”, de una sociedad orientada por la ética del trabajo a otra gobernada por la estética del consumo, la producción masiva ya no requiere de mano de obra masiva. Los pobres, que alguna vez cumplieron el papel de “ejército de reserva de mano de obra”, pasan a ser “consumidores expulsados del mercado”. Esto los despoja de cualquier función útil (real o potencial) con profundas consecuencias para su ubicación en la sociedad y sus posibilidades de mejorar en ella. En la actualidad, la miseria de los excluidos –que en otro tiempo fue considerada una desgracia provocada colectivamente y que, por tanto, debía ser solucionada por medios colectivos- sólo puede ser redefinida como un delito individual. Aparece así la “clase marginada”, una categoría de personas que está por debajo de las clases, fuera de toda jerarquía, sin oportunidad ni siquiera necesidad de ser readmitida en la sociedad organizada. Es gente sin una función, que ya no realiza contribuciones útiles para la vida de los demás y, en principio, no tiene esperanza de redención. Y puesto que son todos inútiles, los peligros que acarrean dominan la percepción que de ellos se tiene. Esos peligros son tan variados como ellos. Van desde la violencia abierta, el asesinato y el robo que acechan en cada calle oscura, hasta la molestia y la vergüenza que produce un panorama de la miseria humana al perturbar nuestra conciencia. Sin olvidar, por supuesto la carga que significan para los recursos comunes. Y allí donde se sospecha un peligro, no tarda en aparecer el temor: la “clase marginada” está formada esencialmente, por personas que se destacan, ante todo, por ser temidas. Las “clases peligrosas” son consideradas clases criminales, y las cárceles pasan a desempeñar las funciones que antes desempeñaban las ya casi desaparecidas instituciones de asistencia social del Estado benefactor. Lo más probable es que las cárceles tengan que seguir desempeñando ese papel, cada vez con mayor intensidad.

Bauman, Zygmunt. Trabajo, consumismo y nuevos pobres. Barcelona : Editorial Gedisa, 1999.