Nuevos Pobres

En el libro “Trabajo, consumismo y nuevos pobres”, Zygmun Bauman analiza los cambios ideológicos que se dan de la época fordista a la postfordista argumentando un vuelco desde la “ética del trabajo” a la “estética del consumo”. Sitúa asimismo el papel que los pobres cumplen en cada  uno de los dos momentos sociohistóricos aproximándonos al concepto de “criminalización de la pobreza” apuntado posteriormente por Loïc Wacquant.

Algunas de las ideas que se desprenden de la obra son las siguientes:

Desde los comienzos de la Edad Moderna, se esperaba que  la ética del trabajo atrajera a los pobres hacia las fábricas, erradicara la pobreza y garantizara la paz social. En la práctica sirvió para entrenar y disciplinar a la gente, inculcándole la obediencia necesaria para que el nuevo régimen fabril funcionara correctamente. Pero al pasar de una “sociedad de productores” a otra de “consumidores”, de una sociedad orientada por la ética del trabajo a otra gobernada por la estética del consumo, la producción masiva ya no requiere de mano de obra masiva. Los pobres, que alguna vez cumplieron el papel de “ejército de reserva de mano de obra”, pasan a ser “consumidores expulsados del mercado”. Esto los despoja de cualquier función útil (real o potencial) con profundas consecuencias para su ubicación en la sociedad y sus posibilidades de mejorar en ella. En la actualidad, la miseria de los excluidos –que en otro tiempo fue considerada una desgracia provocada colectivamente y que, por tanto, debía ser solucionada por medios colectivos- sólo puede ser redefinida como un delito individual. Aparece así la “clase marginada”, una categoría de personas que está por debajo de las clases, fuera de toda jerarquía, sin oportunidad ni siquiera necesidad de ser readmitida en la sociedad organizada. Es gente sin una función, que ya no realiza contribuciones útiles para la vida de los demás y, en principio, no tiene esperanza de redención. Y puesto que son todos inútiles, los peligros que acarrean dominan la percepción que de ellos se tiene. Esos peligros son tan variados como ellos. Van desde la violencia abierta, el asesinato y el robo que acechan en cada calle oscura, hasta la molestia y la vergüenza que produce un panorama de la miseria humana al perturbar nuestra conciencia. Sin olvidar, por supuesto la carga que significan para los recursos comunes. Y allí donde se sospecha un peligro, no tarda en aparecer el temor: la “clase marginada” está formada esencialmente, por personas que se destacan, ante todo, por ser temidas. Las “clases peligrosas” son consideradas clases criminales, y las cárceles pasan a desempeñar las funciones que antes desempeñaban las ya casi desaparecidas instituciones de asistencia social del Estado benefactor. Lo más probable es que las cárceles tengan que seguir desempeñando ese papel, cada vez con mayor intensidad.

Bauman, Zygmunt. Trabajo, consumismo y nuevos pobres. Barcelona : Editorial Gedisa, 1999.